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Mario Nicolas - Barcelona, España - Mayo 20001

La presente exposición está vinculada entre el encuentro y el sosiego del café, entre la espera y la felicidad, entre el soñar y encontrar, entre el ser y no ser, mirar y no ver, en resumen, en la sorpresa que la vida nos dota en momentos de una larga espera. Todo ello, -pintura, motivación, imaginación pictórica- se compone de la poesía de la artista, recordando en cierta manera pasajes que su vida en momentos determinados le hizo vivir. O tal vez se trate de una fantasía que traslada al lienzo como una temática propia, y si ello, sea cual sea el motivo, demuestra que lo sabe interpretar de manera sólida y firme.
Es Patricia Sicardi artista con inquietudes pictóricas, descubriéndonos que sus habilidades en su pintura es el "guiño" a su notable capacidad pictórica, referencias que nacen de un dibujo estructura con mentalidad agrimensora de formas inconcretas, originando un número áureo que proyecta la línea, rozando de forma marginal al geometrismo, interrelacionando formas en ocasiones apenas imaginadas; argumentos que pone en práctica para recrearse en motivos, estancias de costumbres con sabor y entorno propio plagado de matices y calidad lumínica.
Transforma la pintura en aquello que sus ojos captaron primero, aún, sin haberse perdido entre ciudades y encuentros, los crea como si fueran recuerdo donde las sensaciones surgen espontáneas cual algarabía de color, perfectas, siempre en forma de aleatoria armonía.
Conocer nuevas culturas está al alcance de pocos, pero orgullosos somos los que podemos admirar y descubrir las tendencias que fuera de nuestras fronteras se desarrollan. Tendencias que podemos asimilar a artistas nacionales pero que una vez más nos demuestran que cada persona es un mundo y en este mundo hay muchas personas.
Patricia Sicardi ha sabido marcarse su mundo, su camino, su estilo y forma; es consciente del camino a recorrer, pero entre sus sueños, esperanzas, esperas y su amada fusión de sobremesa, sabe que sí llegará a reencontrar con esa cita artística, que será su reconocimiento a su trabajo.
Demos por el último sorbo de su dulce café en aquella imaginaria terraza de la esperanza.

 

Fermín Fèvre - 1998 -

Los paisajes que integran esta muestra de pinturas de Patricia Sicardi son el resultado de un viaje que hizo el año pasado por la campiña francesa. Las regiones de la Provence, la Bretagne y Normandie quedaron incorporadas a sus vivencias más profundas. Ahora vuelven transmutadas en su pintura. Sin embargo, sus paisajes no son representativos. Por eso no encontramos en ellos lugares típicos que nos permitan identificarlos.
Decía ese gran pintor que fue Edvard Munch que el artista no pinta lo que ve sino lo que vio. Vale decir, aquello que se incorporó a sus vivencias íntimas y que construye, al fin, una experiencia de vida. Por eso nos brinda una visión transformada de la realidad, que ha quedado filtrada por la vivencia emocional y subjetiva. En el arte, el realismo no deja de ser una visión forzada de lo real porque aparece desprovista de esa carga subjetiva de toda experiencia vital. En ese sentido, sólo Dios sería el auténtico realista.
La creación artística es así inevitablemente imaginativa. Se nutre de todo aquello que el artista ha internalizado incorporándolo a su imaginario. Patricia Sicardi produce, de ese modo nuevas imágenes que no sólo manifiestan el mundo que ella percibiera sino, también, su propia percepción. Todo eso lo vuelca en sus pinturas mediante empastes, planos de color y formas indiscernibles. Su pasión por volcarlo en la tela la lleva a cierta urgencia gestual, mediante la cual traduce su impaciente deseo de captar esa vivencia inasible e irrepresentable que Emanuel Kant definía como sublime.